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Reflexiones (y sentimientos) sobre una enfermedad con múltiples facetas y denostada.

Llega hoy a nuestro blog un testimonio muy especial que me envía una persona a la que quiero mucho y que nos escribe desde su posición de familiar y amigo de pacientes con cáncer. Creo que es realmente valioso. Aquí lo tenéis:

“Empiezo con el miedo a la página en blanco, porque lo difícil, siempre, es el inicio, pues reflexionar sobre una enfermedad (escribir un manual sobre ella) es sencillo, pero otra cosa muy distinta es expresar lo que se siente, lo que tú sientes, cuando uno mismo (y de momento, no es mi caso), o personas próximas se han visto golpeadas por esa enfermedad, tan frecuente en sus múltiples facetas, que ha dejado de ser estigmatizada por el lenguaje común: ese cangrejo glotón, ese cáncer, que se dedica a comerte por dentro hasta que te consume, hasta el punto de que su nombre se había vuelto tabú: se ha muerto “del mal”, pues llamarlo por su nombre producía terror, parecía que podía atraerlo, que era como si le estuvieras llamando.

Por fortuna (y esta fortuna hay que leerla siempre entrecomillada), los avances en medicina, en el campo de la prevención y de los tratamientos, y en la tecnología cada vez más sofisticada que la acompaña, han supuesto una mejora tan espectacular que en determinados tipos la tasa de mortalidad ha disminuido de forma extraordinaria; ahora ya no decimos: tal persona tiene un cáncer, por lo tanto está sentenciada; sino que nos quedamos con un: a ver si el tratamiento va bien y a ver cuántos años de buena calidad de vida le quedan todavía.

Y algo quizás más importante. ¿Cuál es la actitud de la sociedad ante la presencia del cáncer entre nosotros? Creo que, también por fortuna, el cambio ha sido imparable. Hace años cáncer era igual a fallecimiento inmediato y, como consecuencia, a apartamiento social, automarginación, era una enfermedad inconfesable: tener cáncer significaba estar acabado.

Sabemos que hoy no es así, que se está convirtiendo paulatinamente en una enfermedad seria, por supuesto, aunque, quiero ser optimista, combatible en muchísimos casos.

Creo que todo lo anterior suena muy bien, pero, qué es lo que sucede cuando a uno le toca de cerca. Entonces ya no se pueden tirar balones fuera.

Bueno, voy a ver si soy capaz de explicar un poco la manera en que he vivido mi panorama más próximo. En el ámbito familiar, he tenido muy cerca varias mastectomías, una metástasis generalizada con resultado de muerte en una persona mayor y un mieloma múltiple que acabó con la vida de mi suegra en pocos meses, en medio de unos padecimientos que no se los deseo ni a mi peor enemigo (mi mujer trabajaba, yo era jubilado y, por ello, estaba yo a su cuidado muchas horas al día y veía cómo algo que se pensaba una osteoporosis le provocaba unos dolores insoportables). “Así no quiero vivir. Deseo acabar ya; quiero morirme”. Es difícil poder ayudar de alguna manera a alguien que te pide ayuda, pero que tú no se la puedes dar. Lo único que deseaba es que muriera para que terminaran aquellos padecimientos. Fue durísimo y una liberación para todos cuando dejó de sufrir.

El otro de los casos es el de una leucemia degenerativa de uno de mis mejores amigos, de esas personas que son de los pocos que se merecen el adjetivo de amigo porque siempre están (afortunadamente ahí sigue aún) cuando los necesitas, al cual acompañé sistemáticamente durante todas las sesiones de quimioterapia (el hospital se encontraba a unos 50 kilómetros y, dado su estado, él no podía conducir), y me permitían estar al lado de su cama durante toda la sesión, donde hablábamos, pasaba frío y le pedía mantas, se dormía y siempre te encontrabas al lado cuando iba despertándose para poder seguir charlando, etc, etc. El diagnóstico (y creo que a él le pareció la sentencia definitiva) se lo dieron hace unos

doce años. Corredores ambos de carreras populares, y ambos en la setentena, él aún sigue trotando (yo tuve que dejarlo por problemas médicos de otra clase). Además, con los cuidados que le exige el descenso de las defensas, tiene una calidad de vida envidiable que espero aún le dure mucho.

En el caso de los cánceres hago una apuesta por el optimismo: muchos casos detectados, sí, pero por el uso del aumento de la prevención, mejoras en los tratamientos, en la medicación, en la tecnología y, en el peor de los casos, un testamento vital que permite evitar padecimientos insufribles e irreversibles. En lo más profundo, muy en el fondo, el problema sigue residiendo en la existencia de una sociedad que no ha hecho ninguna pedagogía para enseñarnos a hacer frente a la muerte inevitable.”

Cuera

P.D: Algunas de estas fotos (hechas por mí) están realizadas compartiendo muy buenos momentos con “Cuera”. 🙂

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