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“Me hubiera gustado saberlo”

Continuamos en este apartado de Testimonios con el de Covadonga. Este nombre es ficticio, prefiere mantenerse en el anonimato y por supuesto lo respetamos y le agradecemos enormemente que quiera compartir su vivencia. En este caso, siendo madre de una paciente. Esta es su historia…

” En el año 2016 todo transcurría de manera normal en mi vida. En aquel momento yo tenía 69 años, siempre fui ama de casa, una hija y un nieto precioso. Mi marido había fallecido ya hacía varios años y yo me encargaba de, en ocasiones, echar una mano quedándome con el niño, como supongo hacemos muchas de las abuelas de hoy en día.

Durante la semana santa de ese año yo noté que comenzaron a aparecer alguna pequeña “excusa” para estar menos con el niño y que un viaje inesperado hizo que en esas vacaciones yo no pudiera verlos, ni a él ni a sus padres. Tengo que decir, que ellos tienen una casa de vacaciones en otra localidad y tampoco le di mucha importancia. Pensé que querrían “descansar” de la abuela en esas fechas. Yo tengo mis amigas y mis actividades, así que tampoco me sorprendió mucho.

Pero cuando se dice que el mundo es un pañuelo, estamos en lo cierto. Un día en la calle me encontré con una persona y me pregunta que cómo está mi hija. Y yo sin saber a que se refería, pues se lo dije: “que yo sepa pues muy bien. Todos bien“. Esa conocida podría no haber dicho nada más, pero no fue así. Continuó con la “conversación” diciendo que se alegraba mucho, porque la última vez la había visto salir de una consulta de oncología del hospital con cara de disgusto. Así tal cual me lo estaba contando y yo no daba crédito. Le dije que se tendría que haber equivocado de persona. Y al ver que yo me ponía seria, dio por finalizada la conversación.

Te imaginas lo primero que hice al llegar a casa. Empecé a atar cabos y me empecé a poner muy nerviosa. Mucho. Telefoneé a mi hija y le pregunté directamente. Enseguida se dio cuenta de que había llegado el momento de compartir lo que pasaba. Comenzó a llorar y yo también, imagínate. Y además yo estaba muy disgustada por no saber qué pasaba realmente y porqué se me había ocultado. ¿Para mantenerme tranquila? He pasado muchas cosas en mi vida como para no poder soportar algo así. Aunque es verdad que siempre te preguntas porqué a mi hija y no a mí. Supongo que eso lo harán todas las madres.

A partir de ese momento, todo fue mejor: nada de ocultar, disimilar, estar en tensión. Además con la suerte de que su tumor estaba muy localizado y era muy pequeño, por lo que la cirugía también lo fue y ni siquiera necesitó tratamiento. A día de hoy está estupendamente. Y yo ejerciendo de abuela tan feliz. Pero reconozco que me hubiera gustado saberlo desde el principio y no enterarme como lo hice.”

Quiero agradecer mucho a Covadonga su testimonio. Si quieres contarnos y compartir el tuyo, ya sabes que nos puedes contactar. Tengo que decir, que en mi caso, también hice como la hija de Covadonga, mas o menos: Hasta que no pasé la operación no le dije nada a mi madre. Solo lo hice cuando iba a comenzar la radioterapia de mi primer cáncer. ¿Porqué? Pues supongo que para mantenerla tranquila lo más posible…

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