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Dos cánceres después, aquí estamos

Todo comenzó en el año 2005. En una mamografía rutinaria se vio algo. A las tres semanas entraba en quirófano para  una tumorectomía (extirpar solo el tumor). El ganglio centinela (ese que nos dice si el cáncer se ha extendido por el sistema linfático) nos dio la buena noticia: nada había traspasado su territorio. Así que después de la cirugía y treinta y dos sesiones de radioterapia todo volvió a ser normal. Tuve suerte. Mucha suerte.

Lo curioso es que tengo un recuerdo muy vivo de cuando tuve que ir a comprar un sujetador para después de la operación y que tendría que llevar 24 horas durante varias semanas. No tenía ni idea de a donde acudir. Al final terminé en un establecimiento no muy acogedor y en un probador diminuto lleno de cajas y estanterías, una alfombra horrible en el suelo y solo un modelo donde elegir. O sea, que en realidad no hubo elección. ¡Qué curioso que nos acordemos a veces de detalles así! 

¿Cómo era mi vida hasta ese momento?

Pues llevaba quince años dando clase en una Escuela de Música. Y cuando me recuperé continué en ello. 

El segundo capítulo llegó en 2010. Acudiendo siempre a las revisiones (las ITV, como yo digo), por mi oncólogo llegó la sorpresa. A los cinco años del primero (ese tiempo en el que parece que te dan el alta pero que bien sabemos que siempre llevaremos la Espada de Damocles encima), en una resonancia apareció el segundo. Esta vez mucho más agresivo e infiltrante. Hubo que tomar otras decisiones: mastectomía bilateral y quimioterapia. Eso sí. El ganglio centinela continuó dándome la buena noticia de que su territorio seguía indemne. Y que ya salí del quirófano con los expansores que mas adelante se sustituyeron por prótesis internas y que no me han dado ningún problema. Tuve suerte. 

¿Y cómo continuó todo después?

Pues después de 22 años en la Escuela me tomé un descanso, dejé la docencia, empecé a descubrir cosas distintas. Me formé en el mundo de la cosmética y comencé como voluntaria en la Asociación Contra el Cáncer en Asturias. De su mano comencé a impartir talleres de maquillaje para pacientes oncológicos, donde compartir muy buenos ratos con muchas mujeres que  pasan por lo mismo (igual, menos, más) que yo había pasado. Y me siento muy bien haciéndolo. Porque verse bien en esos momentos no es una frivolidad. Hay días buenos y malos, pero los buenos hay que intentar aprovecharlos.

En ese periodo apareció para mí Ars Vitality. Un establecimiento enfocado al paciente oncológico que comenzó a funcionar en el año 2007 y que reunía todo lo que uno puede necesitar cuando se enfrenta a una situación así. Y por cierto, con un probador precioso, espacioso y acogedor (no puedo remediar hacer comparación).

Y así, el 1 de abril de 2019 me ponía al frente de Ars Vitality. Me encontré con una persona muy profesional como responsable del departamento de peluquería, con gran experiencia y que me ayudó mucho en mis primeros momentos y continúa haciéndolo. Gracias Yari.

Está siendo una buenísima experiencia (aunque personas cercanas me decían si sería bueno para mí después de haber pasado tanto). Pero sí lo es. Es muy gratificante poder dar un poco de tranquilidad a las personas que llegan con muchas dudas y nervios y luego verlas salir con una sonrisa o al menos más tranquilas. Eso es lo mejor. Y no lo cambio.

Por eso, cuando a veces me preguntan: ¿pero tú no eras profesora de música? Pues sí  y mis vínculos con la faceta musical no se han cortado. Eso sería imposible, pero a veces el rumbo cambia y te lleva hacia otros caminos sin haberlos buscado ni saber con lo que te vas a encontrar.

Por cierto. Soy Alicia.

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